España arde (y no sólo el Alto Ampurdán). Pero Draghi, como Nerón
con el incendio de Roma, sólo contempla las llamas. Ni siquiera toca la lira, (la
guitarra, decimos, no su divisa de antaño), porque eso precisa de una
sensibilidad y de una pericia de la que él carece, como humano y como banquero
central. No sabemos si lo hace por mala
leche (“los españoles son orgullosos, son muy hidalgos”), o por rencor (“cuando
hablan de España me acuerdo de Balotelli”), o porque realmente cree que es lo
mejor y que está haciendo un gran trabajo. Él dice que su labor es cuidar la
inflación y no resolver los problemas financieros de los países, pero al mismo
tiempo reconoce que “la inflación es la última de mis preocupaciones”. El caso
es que España arde, el viento sopla, y Draghi mira.