Con bombo y platillo se anunciaron, tras 9 horas de negociaciones,
los detalles del plan de ayuda para la banca española. Pero a estas alturas,
Europa ya no impresiona a nadie. Son buenos para redactar rescates, tratados, cartas
de intenciones, memorándums (éste de España de 37 puntos) y todo demás papeleo, pero en los hechos, en
la práctica, son pésimos. Así que el anuncio apenas sirvió para salvar a las
bolsas europeas y para aliviar la prima de riesgo de España e Italia, en un
repunte de puro trámite, con el pretexto del anuncio. Pero el euro se desplomó
a un nuevo mínimo de 2 años, las materias primas se hicieron trizas y Wall
Street, tras algunos titubeos iniciales, terminó despeñándose.
Como me dice mi buen amigo Gonzalo desde España, las medidas no
funcionaron porque no se han tomado las decisiones que permitan cambiar la
dinámica del mercado, de la financiación, y del crecimiento. Y sobre todo,
porque los inversionistas se temen que no se puedan aplicar con la celeridad
que presumen.
Nos dicen que la banca española podría disponer, antes de que
acabe el mes, de 30,000 millones de euros (mde) en caso de precisarlos con
urgencia. Pero uno ya ni siquiera está seguro de que esos fondos vayan a estar
tan pronto ahí. Primero tienen que aprobar el memorándum los 17 parlamentos de
la eurozona, superar esa criba, teniendo en cuenta de que varios de los países
implicados exigen que España garantice esos fondos, lo cual no está aún claro
quién será el responsable último de esos recursos. Y después convocar otra reunión del Eurogrupo
para tener todo listo, según sus cálculos, para el 20 de julio. A ver si es
verdad.
Por otro lado, como todavía no puede operar el fondo de rescate
permanente, el llamado Mecanismo de Estabilidad Europeo (ESM por sus siglas en
inglés), los recursos provendrán en un principio del fondo de rescate temporal,
del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF). Pero el problema es que en
caso de que la operatividad del ESM se atrase (asunto en manos, ahora mismo,
del Tribunal Constitucional alemán), el EFSF dispondría de escasos recursos
para combatir todos los frentes: de ahí sale la ayuda a Grecia, Irlanda y
Portugal; también de ahí se extraería el dinero para rescatar a la banca española;
y también la munición para comprar en el mercado secundario deuda soberana de
los países en apuros.
Finalmente, y si bien relajaron el calendario para alcanzar las
metas de déficit público, al mismo tiempo le impusieron a España nuevas medidas
de restricción fiscal para asegurarse que los nuevos objetivos serán
alcanzados, una política que ha resultado letal allí donde se ha aplicado al
agravar la recesión, y minar la capacidad de recaudación y de pago de los
países. Además de las condiciones fiscales, el acuerdo está supeditado a más
requisitos bancarios (un ratio de capital del 9%, lo que restringirá más el
crédito), y de supervisión. Al final, de
todo esto, a los mercados no les queda claro que España esté a salvo y vaya a
poder a salir a refinanciar su deuda pública a unas tasas aceptables, que es el
meollo del asunto.
Tan quemada está ya la credibilidad de las instituciones europeas
tras cuatro años de fracasos en sus esfuerzos por restaurar la confianza en la
región, que el gran acuerdo casi pasó de puntillas por los parqués, lejos de
provocar el efecto deseado. De hecho,
casi todas las notas referentes al comportamiento de Wall Street se enfocan más
en cuestiones locales (los flojos resultados de Alcoa, o las advertencias de
peores resultados a lo previsto de algunas empresas tecnológicas como Advance Micro
Devices, o Applied Materials), que en otra cosa.
De modo que, tras una apertura con modestas subidas, Wall Street
fue poco a poco sucumbiendo hasta que terminó la jornada con intensas pérdidas.
Al cierre de la sesión, el Dow Jones bajó un 0.65% para terminar en los
12,653.12 pts mientras que el tecnológico del Nasdaq se hundió un 1.0% hasta
los 2,902.33 pts. El S&P’s 500 perdió un 0.81% y concluyó la sesión en los
1,341.47 pts. En los últimos cuatro días, el S&P’s se ha dejado un 2.5%, su
peor racha negativa desde mayo.
Los sectores más ligados al ciclo económico fueron los más
castigados, una señal de que los inversionistas perciben que puede descarrilar
el crecimiento global. El sector de materiales básicos cayó un 1.7%, seguido
del petrolero y el industrial, con descensos cada uno del 1.5%, el tecnológico
(-1.1%), y el financiero (-0.8%). Los defensivos fueron los que mejor salieron
librados: el de servicios públicos aumentó un 0.2%, el único que se salvó de
los 10 sectores del S&P’s 500, en tanto el de consumo básico retrocedió un
0.1% y el de telecomunicaciones un 0.3%.
Desde luego que las advertencias de peores
resultados de Advance Micro Devices y Applied Materials hicieron daño al
mercado. Advance Micro Devices, el gran rival de Intel en el mercado de los
fabricantes de chips, se despeñó un 11.2%, al adelantar que espera que los
ingresos se hundan un 11% en el segundo trimestre respecto al primero debido a
las débiles ventas en China y Europa. Intel, a su vez, bajó un 2.3% arrastrado
por la advertencia de Advance Micro Devices y su decisión de comprar una
participación del 15% al fabricante de semiconductores holandés, ASML Holdings,
por hasta 4,100 millones de dólares (mdd).
Con el mismo cuento llegó Applied
Materials, que debido a la menor demanda de equipo de semiconductores, revisó a
la baja sus pronósticos de beneficios y ventas para su tercer trimestre fiscal
y para todo el año. La acción fue castigada con un retroceso del 2.7%.
En esa misma línea estuvo Cummins, una
empresa fabricante de motores de diesel y gas natural, que recortó su
pronóstico de ventas para el año. Su acción perdió un 8.9% durante la jornada.
Alcoa, la primera empresa del Dow en
reportar, lo hizo tras el cierre de ayer, y aunque vino en línea con las
expectativas, sus resultados supieron a poco. Hoy fue la peor acción del Dow
Jones y se despeñó un 4.1%. Entre los grandes conglomerados industriales,
Caterpillar se hundió un 3.5% y General Electric un 2.1% o Boeing (1.1%). Entre
las tecnológicas, además de Intel cayeron IBM (-1.8%), Hewlett-Packard (-1.7%),
y Cisco Systems (-1.4%). La acción que más subió hoy en el Dow fue Kraft Foods
(+1.0%) seguido de JP Morgan (0.9%).
Europa, como decíamos, llegó a salvar
la jornada. El Ibex-35 de Madrid avanzó un 0.58%, el Dax de Francfort un 0.79%
y el Cac-40 de París un 0.59%. Pero el euro llegó a tocar un mínimo intradía de
1.2235 dólares, su nivel más bajo desde julio de 2010, pese a que terminó más
cerca del 1.225 dólares. En las materias primas, el WTI bajó un 2.2% a los
84.06 dólares el barril.
Por tanto, no hubo atisbo de contento
con el acuerdo alcanzado por el Eurogrupo: hasta hubo un punto importante de
desdén a lo allí alcanzado. Entre tanto, los inversionistas no deben de perder
de vista lo que pueda declarar, en uno de estos días, el Tribunal
Constitucional alemán sobre si el fondo permanente y el pacto fiscal viola la
soberanía nacional de Alemania, un asunto delicado del que el ministro de
finanzas germano, Schaubel, ya ha advertido.
Mañana en EU se publicarán las minutas
de la última reunión de la Fed, junta en la que se acordó ampliar la llamada
“Operación Twist”. De las minutas, y con los datos frescos de los que ya
disponemos como el empleo, veremos que tan inclinados están los miembros de la
Fed a recurrir a un nuevo programa de compra de activos, un QE3. Además,
saldrán a la luz la balanza comercial y los inventarios mayoristas de mayo.
También contaremos con los datos semanales de solicitudes de hipotecas e
inventarios energéticos.
Finalmente, tendremos que seguir muy
de cerca cómo se comporta la bolsa europea y la prima de riesgo de España e
Italia. Hoy mejoraron ligeramente, pero para mañana, ¿nos espera un nuevo
deterioro?
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