miércoles, 23 de mayo de 2012

Goldman y “el Fabuloso Fab” se mofan de Morgan y Facebook


Si alguien ha ganado en el IPO de Facebook, ése es Goldman Sachs. Mucho lloró el día que Mark Zuckerberg y su gente le dieron a Morgan Stanley el papel de colocador líder para el IPO. Pero al final, y como casi siempre, fueron los últimos en reírse.

Desde un inicio, Goldman Sachs vio en Facebook un filón de oro. Fue de los primeros que sedujo a Mark Zuckerberg y prometió volverle muy rico, haciendo lo que mejor saber hacer: inflar todo aquello que toca. De modo que en los primeros días del año 2011, como los Reyes Magos, llegaron tres grandes inversionistas al portal de Zuckerberg en Palo Alto con oro, incienso y mirra, y en medio de loas y alabanzas a la empresa compraron acciones de Facebook a un precio que la valoraban en 50,000 millones de dólares (mdd).

El primer Rey Mago era, tal cual, Goldman Sachs, que aportó 375 mdd; el segundo era Digital Sky Technologies (DST), del multimillonario ruso Alisher Usmanov, que cuenta con muchos veteranos de Goldman en sus filas y que llevó 175 mdd.  DST ya había comprado un 2% de las acciones de Facebook en 2009, y desde entonces había seguido adquiriendo acciones de Facebook a sus empleados hasta alcanzar una participación cercana al 10%; el tercer Rey Mago se trataba de un fondo especial formado por Goldman para recaudar 1,500 mdd entre inversionistas, sobre todo los clientes más ricos de Goldman. En total, 2,000 mdd en capital fresco para Facebook.  

Aunque eran tres los Reyes que se acercaron al niño Zuckerberg, detrás de los tres estaba Goldman Sachs, aunque con distinto disfraz, en parte para eludir las posibles regulaciones de la Comisión de Mercado de Valores (SEC), que con el sistema financiero aún endeble (y la regla de Volcker en apogeo) no veía con buenos ojos las incursiones de la banca en inversiones de capital riesgo.  

Ése fue el primer gran pelotazo de Facebook: con el valor de 50,000 mdd con el que fue valorado por Goldman, la empresa ya tenía un valor superior al de Time Warner, Yahoo! o eBay, pese a que sus ingresos, de 2,000 mdd contrastaban por aquel entonces con los 26,000 mdd de Time Warner.  Gracias a Goldman, en aquellos días, con Facebook valorado en 50,000 mdd, se empezó a hablar de la inmensa fortuna de Zuckerberg, que con una participación del 24%, ya ascendía a algo así como a 12,000 mdd.


Goldman había comprado caro, de modo que el trabajo ahora consistía en inflarla aún más para sacar ellos su tajada. Y se pusieron manos a la obra para duplicar su valor. Pero se encontraron con un problema: los ingresos de Facebook no crecían al ritmo deseado y, lo que es peor, en los últimos tiempos habían entrado en una senda de desaceleración.


Ante los pobres resultados financieros, Goldman y el niño Zuckerberg supieron explotar las pasiones que despertaba la red social, que atrapaba en su mallas a colegiales, universitarios, amas de casa, oficinistas, funcionarios, jefes de Estado, deportistas, artistas y jubilados. Así que lo que no subían los ingresos más que lo compensaban con el crecimiento explosivo de usuarios, que pasó de 500 millones en enero de 2011, cuando compró Goldman, a 900 millones en abril de este año.


En medio, se hicieron los preparativos para el IPO. Todo pintaba a que, en esa posición, Goldman sería el colocador líder. Pero a última hora, y de forma inesperada, se le coló su gran antagonista, Morgan Stanley: en perspectiva, lo que se leyó como un serio contratiempo para Goldman al final ha resultado ser una bendición.


Durante el IPO, se hizo una gran labor para atraer a los pequeños inversionistas, a esos fervientes usuarios del Facebook que pasaban interminables horas comentando lo felices o tristes que estaban, subiendo la última foto de donde estaban y chateando con sus amigos del alma que nunca vieron a la cara. Facebook les había cambiado la vida, y querían ser parte de ella invirtiendo parte de sus dineros en sus acciones. La estrategia funcionó, se despertó mucha expectación popular, y el IPO se calentó. 


Pero los ingresos nomás no levantaban, y en medio del IPO los gestores de Facebook, junto con los analistas de los bancos encargados de la colocación (Morgan Stanley como líder, y JP Morgan y Goldman Sachs como subordinados) llegaron a la conclusión de que no se cumplirían los ingresos esperados ni para este segundo trimestre ni para todo el año. Hubo, por tanto, en pleno proceso para convencer a los inversionistas de que compraran acciones de Facebook… ¡un “profit warning”!.


Estaba claro que la compañía estaba sobrevaluada, y cabían tres opciones. Uno, comunicarlo al mercado, lo que supondría, en plena efervescencia del IPO, un fatal varapalo: reducir el precio de su salida a bolsa y un probable desinterés por la acción, que no estaba cumpliendo con las expectativas. ¿Quién perdería? Por supuesto, Marck Zuckerberg, que no sería lo rico que se venía presumiendo, y que además vería como su gran obra, Facebook, tan popular en internet, era otro fracaso de una punto.com en bolsa. Pero también los viejos accionistas de Facebook, entre ellos Goldman Sachs que tan fuerte había apostado por ella.


Una segunda opción era simplemente callarlo: dejar que las cosas transcurrieran como estaba, no decir nada. Como mucho comentárselo a los amiguetes, a los amigos de Bank of America y de Barclays, que también estaban implicados en la operación, o a otros inversionistas institucionales, para que no les pillara por sorpresa. Pero no al resto de los mortales, a los fans de Facebook.


La tercera opción no sólo era mantener la boca cerrada, sino además dar un último empujón a la acción, inflarla un poco más. Si ya estaba claro que la realidad de Facebook no tenía nada que ver con su valuación, y tarde o temprano se darían cuenta, lo mejor era pegar el pelotazo total: subir más su precio, vender más acciones a un precio de risa, al que va a tardar mucho en volver (si vuelve), y embolsado el dinero, salir corriendo con el efectivo.


Optaron por esta tercera opción bajo el argumento, claro, de que la demanda era fabulosa: en los días previos al IPO, subieron de forma repentina el rango de colocación de uno de $28 a $35 a otro de $34 a $38, para al final ponerlo en su tope, $38. Y segundo, ampliaron la oferta en 84 millones de títulos, todas ellas provenientes de accionistas que querían vender. Al final se ofertaron 421.2 millones de acciones, de las cuales 241.2 millones provenían de sus accionistas previos.


¿Quiénes aumentaron su oferta? Además de Accel Partners, que con 49 millones de acciones fue el que más títulos vendió en el IPO, Goldman Sachs más que duplicó su oferta hasta un total de 28.7 millones. El socio de Goldman, Digital Sky Technologies, subió el número de acciones vendidas en un 74% a 45.7 millones, y Tiger Global Management la incrementó en 7 veces a 23.4 millones.


Accionista Número de Acciones (millones) Precio Valor (mdd)
Accel Partners 49 38 1,862
DST 45.7 38 1,737
Goldman Sachs 28.7 38 1,091
Tiger Global 23.4 38 889

Tampoco se quedaron afuera los directores y ejecutivos de Facebook: aumentaron el papel ofertado en un 62% a un total de 189.4 millones. Mark Zuckerberg, sin embargo, se vio lento y no aumentó el número de acciones que vendería, posiblemente porque a él le interesa mantener el control de la compañía y su poder de voto.


De modo que Goldman Sachs y su aliado, Digital Sky Technologies, vendieron a Facebook el día del IPO, que es casi su pico y al doble de lo que compraron en enero del año pasado. A ese precio, Goldman se embolsó 1,000 mdd y eso que sólo vendió el 44% de su participación. A eso hay que sumar las comisiones por estar también entre los bancos colocadores. Mientras que Morgan Stanley, el principal responsable del IPO,  perdía dinero por defender el precio de salida de $38.


Así que Goldman volvió a jugar con maestría el rol de Fabrice “el fabuloso”, el chavalito de Goldman que vendía activos basura a sus clientes como la neta del planeta para luego apostar contra esos mismos títulos. Eso mismo hizo ahora Goldman: inflar el precio de un activo, venderlo a unos pobres incautos, y al mismo tiempo irse corto sabiendo que ese precio es un disparate y salir volando con el dinero. Pero con una ventaja: ahora que se supo la verdad y los accionistas están furiosos, la responsabilidad de la demanda por fraude correrá a cargo, sobre todo, de Morgan Stanley, de Facebook y de su fundador, el niño Zuckerberg. Como se suele decir, Goldman nunca pierde, se la aplicó a Morgan y Facebook, y se carcajea de ellos mientras ella se va con el dinero... y de rositas 

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