martes, 5 de junio de 2012

¿Habrá logrado el G-7 hacer recapacitar a Draghi? ¡Mañana el BCE debe hacer algo!


Mañana hay una reunión crucial del Banco Central Europeo (BCE). Crucial por la propia situación que atraviesa la eurozona, con elevadas tensiones en el mercado interbancario español, fuerte presión en las primas de riesgo de la periferia europea (en niveles ya insostenibles), y con el sistema financiero español sin acceso al financiamiento externo y a punto de ser rescatado con fondos europeos.

A eso hay que sumar que buena parte de la región está ya de nuevo en recesión (y puede arrastrar a los países centrales y a todo el planeta); que la actividad manufacturera se deteriora, que la inflación se ha atenuado y que la oferta monetaria, medida por el M3, se está reduciendo. Para rematar,  hay que añadir la incertidumbre que suscitan las elecciones griegas del 17 de junio, que pueden marcar la salida definitiva del país heleno de la eurozona.

Las condiciones económicas y financieras están dadas para que el BCE actúe cuanto antes. Sin embargo, Mario Draghi se resiste a hacerlo: el argumento fundamental es que si el BCE salva al euro, los líderes políticos no harán la tarea que se precisa para reconducir la situación con medias fundamentales. Entre ellas, Draghi apoya la unión bancaria, que se sustenta en tres pilares: depósito de garantías comunitarias, un fondo de resolución y una supervisión bancaria centralizada. Por el contrario, la emisión de eurobonos no termina de ser de su agrado y su postura es más cercana a la de Merkel.

En un principio, y con Draghi en plan tozudo, todo hacía pensar que el BCE tampoco haría esta vez nada. Sin embargo, las expectativas se han calentado tras la reunión de urgencia de los ministros de finanzas y banqueros centrales del G-7. ¿Por qué se reunieron en vísperas de la junta del BCE? ¿Planean, aprovechando la reunión del BCE, una acción coordinada? Desde luego que la situación amerita una respuesta de calado cuanto antes.

Por tanto, las perspectivas de que mañana el BCE pueda anunciar algo y su acción sea secundada por otros bancos centrales han ganado fuerza. Ahora bien, ¿qué se podría hacer?.

Si existen tensiones en los mercados de dinero, una opción sería recurrir a medidas similares a las anunciadas en noviembre, cuando se abarataron y ampliaron los swap de dólares para relajar las tensiones en el mercado interbancario. 

Pero además, se podría anunciar un recorte en la tasa de referencia, actualmente en 1%. ¿Por qué no? Es el instrumento más tradicional y ortodoxo del BCE, el más convencional. El uso de este instrumento es el que menos pone en tela de juicio la independencia del BCE, o su sometimiento a presiones políticas. Y las condiciones favorecen un recorte de tasas que alivie las tensiones en los mercados financieros. No hacer uso de él, no bajar mañana las tasas de referencia en 25 pbs, sería casi irresponsable, y un error como los que cometió Trichet durante buena parte de su gestión.

Más cuestionable e incómoda para Draghi sería cualquiera de las otras medidas posibles, mucho más heterodoxas y más sometidas a presiones políticas: reactivar el programa de compra de deuda española e italiana en el mercado secundario, al cual se ha opuesto en sus últimas intervenciones, u otra Operación de Refinanciamiento de Largo Plazo (LTRO por sus siglas en inglés), una política que si antes no fue lo efectiva que se deseaba, menos lo sería ahora.


Pero no hacer mañana nada tal y como están las cosas sería irresponsable: bajar la tasa de referencia en 25 pbs y apoyarla con una acción coordinada de los principales bancos centrales del planeta sería lo ideal. Sería usar el principal instrumento de política monetaria para intentar aliviar las tensiones financieras sin restar presión sobre los líderes europeos para que sigan trabajando con vistas a la reunión del G-20 en Los Cabos y sobre todo del Consejo Europeo de finales de mes. Esperemos que el G-7 haya hecho recapacitar a Draghi y mañana nos dé una alegría. 

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