viernes, 20 de julio de 2012

Si Draghi fuera Bernanke, la semana que viene habría superrally


La semana terminó de manera horrenda, con España al borde del abismo. El Ibex-35 se desplomó este viernes un 5.8%, el mayor derrumbe desde mayo 2010. La tasa del bono de 10 años se disparó a 7.27%, a un tris de su máximo de la era euro de 7.28% del 18 de junio (¡en la semana la tasa aumentó 61 pbs!). La prima de riesgo, eso sí, sí se trepó a un nuevo récord dado que en ese tiempo la tasa de 10 años del “bund” alemán ha seguido deprimiéndose. De modo que el diferencial, por primera vez, sobrepasó los 600 pbs, y terminó en los 610 pbs tras tocar un máximo de 612 pbs.


En Italia, las circunstancias también son dramáticas: la bolsa de Milán se dejó un 4.4% y la prima de riesgo se incrementó en 22 pbs para terminar en 503 pbs (no superaba la barrera de los 500 pbs desde el 11 de enero). El euro, por otro lado, llegaba a tocar un mínimo de 1.2144, la cotización más baja desde junio de 2010, y contra el yen se depreciaba a su nivel más bajo desde noviembre del año 2000.

Como contrapartida, los capitales volaban a los destinos más seguros: la tasa del bono de 10 años alemán retrocedía a 1.17%, aproximándose a su mínimo del 1 de junio (1.127%). Las tasas de mismo plazo de Francia y (sorprendentemente) Bélgica, caían a mínimos históricos. La tasa de 2 años de Francia, Bélgica, Austria, Holanda y Finlandia han tocado mínimos récord esta semana.  En EU, la tasa del bono de 10 años ronda su mínimo histórico (1.44%) y la de 5 años tocó el nivel más bajo de su historia.

¿Qué detonó esta sangría? Pudo ser o un programa de rescate a la banca española, aprobado hoy por el Eurogrupo, que no llegará directamente a la banca, sino que suponen más obligaciones para un Estado español que está  ahorcado; o la noticia de que la Comunidad Valenciana precisaba recurrir al fondo de salvamente recién anunciado por el gobierno de España para poder honrar sus compromisos (y los que puedan venir detrás); o las masivas protestas de los ciudadanos españoles ayer contra el draconiano plan de ajuste de Rajoy, lo que refleja las dificultades que enfrentará un ejecutivo que se ha quedado sólo con el respaldo de su formación política, el Partido Popular; o los nuevos pronósticos del gobierno de una contracción de 0.5% en el 2013 con más desemepleo; o todo eso junto.  

La situación es muy delicada, y en los próximos días todavía hay varios trances difíciles que superar. Siguiendo con España, se corre el riesgo de que alguna otra comunidad (¿Cataluña, Castilla La Mancha, Andalucía?) se sume a la Comunidad Valenciana, y propine otro castigo a los mercados. También que los sospechosos habituales, las agencias de rating, salgan con sus oportunas rebajas de calificación a las comunidades autónomas, al gobierno central o a la banca, o a todos juntos.

En Grecia, el panorama tampoco es alentador. El Banco Central Europeo (BCE), hoy, también de forma un tanto incomprensible, en medio de todas las turbulencias, dijo que no aceptará instrumentos de deuda emitidos por Grecia como colateral para sus operaciones en el mercado de dinero a partir del próximo miércoles (la tasa del bono de 10 años de Grecia se disparó hoy 46 pbs a 25.58%). El objetivo de esta medida es poner presión sobre el gobierno griego para cumplir con el plan de austeridad pactado.

De momento, no han logrado ponerse de acuerdo los tres partidos que forman la coalición de gobierno sobre cómo ahorrar 11,700 mde adicionales (ninguno quiere cargar con el muerto de cara a la ciudadanía). Y la semana que viene, el martes, llega la Troika (Comisión, FMI y BCE) para ver los progresos que se han hecho y cómo van a hacer los nuevos recortes. En ese sentido, y para alimentar las especulaciones, un aliado de la canciller alemana Angela Merkel se mostró complaciente con la perspectiva de que Grecia abandone el euro. En agosto Grecia debe pagar una deuda de 3,100 mde al BCE.

Y lo peor es que después de todos los esfuerzos hechos, de los 136,000 mde que Europa ha puesto a disposición de Grecia para su segundo rescate, o de los 100,000 mde que otorgó a la banca española, y de los programas de austeridad que se han diseñado, el dinero nunca llegue porque todo se derrumbe por la propia presión de los mercados. ¿Tanto trabajo para nada?

Mario Dragui, presidente del BCE, se ha negado a intervenir en los mercados de deuda bajo el argumento de que  así presionaría a los gobiernos a realizar su tarea, que les forzaría a adoptar las reformas que se precisan para avanzar en la unión fiscal y monetaria.  Y los progresos son notorios: el alcance de la cumbre europea de finales de junio fue mayor a la pensada, sobre todo en cuanto a lo referente a la unión bancaria y al pacto fiscal.  España también ha realizado lo solicitado, y hoy fue aprobado por el Eurogrupo el plan de rescate a la banca.  Sólo falta Grecia para concretar su plan y cerrar el acuerdo la próxima semana.

Si Europa se ha plegado a las demandas de Dragui (y Merkel) es hora de que ya responda. A Grecia le presionarán mediante la decisión de no aceptar su deuda como colateral. Si esa fue la razón de esa medida, está bien. Pero con Grecia condicionada de ese modo para completar la semana que viene los ajustes, es el momento de ayudar a España e Italia y que recurra de nuevo al programa de compra de deuda en el mercado secundario, programa que no ha utilizado en las últimas 18 semanas. De lo contrario, se seguirán lastrando la eficacia de las medidas y de los planes que ya están en marcha.

A esa demanda se ha unido hoy el ministro francés de relaciones exteriores, Laurent Fabius, quien ha defendido que el BCE actúe con flexibilidad y “corte la especulación” contra la deuda soberana de países como España que han hecho las tareas y serios esfuerzos para reconducir sus finanzas a unas senda sostenible. Más presión internacional se sumará a la de Fabius durante el fin de semana, incluyendo EU, que ve cómo la crisis Europea pasa factura a su economía. 

La solución, por tanto, ahora mismo, en el más corto plazo, recae sobre el BCE. Si Draghi ha querido tensar la cuerda para que los gobiernos no se quedaran dormidos y actuaran con determinación, lo ha logrado, y los avances son significativos y loables. Pero es el momento de destensar o se corre el riesgo de que, para cuando se decida, sea demasiado tarde. Si Draghi fuera Bernanke, no dudaría en intervenir y la semana que viene habría un superrally. 

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